miércoles 16 de noviembre de 2011

El Éxtasis de la Tribu Rockera


Registro de la euforia

Cara a cara. Metaleros le quitan el micro a Elvis de la banda PTK.

Un lugar es un libro de portada sobria que al abrirlo te salpica con una avalancha de fotografías  de gente desenfrenada, pestilente, rabiosa, despidiendo alaridos de puro y violento rocanrol. Raúl García Pereira, fotoperiodista, es su autor y en él retrata a los protagonistas de una escena que ha cambiado un poco pero mantiene la misma impetuosidad de siempre.

Por Jonathan Castro

“No es un libro de fotos de bandas de rock. Lo que pretendo es capturar la esencia del rocanrol limeño”, explica Raúl García. Un lugar recopila fotos tomadas entre 1997 y el 2010 sobre la escena rockera limeña que-no-suena-en-la-radio. Lleva con orgullo el nombre de la primera canción del álbum con el que debutó la popular banda Leusemia en 1985.
“No están todas las bandas locales importantes, sería injusto decirlo. Solo son un puñadito de bandas, y no están ahí por ser las bandas que son; lo que manda en la selección es la foto”.  De todas las imágenes incluidas en el libro destacan los conciertos en lugares pequeños, sucios, con poca luz, sin tarimas altas ni miembros de seguridad que alejen a las bandas de su público. Pocos locales escapan a esta regla, salvo El Huaralino (Los Olivos) y los estadios Manuel Bonilla (Miraflores) y Unión (Barranco).
No hay fotos de las bandas internacionales que han pisado Lima, aunque sí algunas de bandas locales en el extranjero. Lo que le interesa a García es capturar el ambiente como le gusta: fuerte, horizontal y universal. “No solo he fotografiado en Lima, sino en Santiago, Buenos Aires, Medellín y Bogotá, y la escena, la gente y las bandas son iguales. No me refiero a que suenen igual, sino a que se quiere, se sufre y se transmite lo mismo. No me importa si la gente los conoce o no; es la imagen de un rockero underground o subte”.
Contrariamente a lo que uno podría pensar, no es una colección de fotos de bandas independientes reconocidas. Figuran grupos como Manganzoides, Aeropajitas, Voz Propia y Vaselina en pleno éxtasis del concierto, pero también hay encuentros casuales como el de Daniel F y Kimba Vilis (formadores de Leusemia) con “Pelo” Madueño y Fernando “Cachorro” Vial (Narcosis), responsables del boom del rock subterráneo de los 80, en un baño. A estas se suman otras fotos de besos, baile y desenfreno en los locales que más le gusta fotografiar: El Averno de jirón Quilca, el Salón Imperial, el Keko bar, entre otros.
14 años de trabajo
Dos años atrás, entrevisté a Raúl García sobre su blog Aerolíneas Wiracocha. En esa bitácora él publicaba fotos de bandas y fanáticos que tomaba en ensayos y conciertos de rock local. Me llamaba la atención su constancia para publicar fotos de grupos profesionales y amateurs, y lo bien que captaba la oscuridad del ambiente.
Casi a inicios de la conversación me sorprendió cuando me mostró el machote de una selección de fotos que había tomado en los últimos años. En esta ocasión me dijo que solo le faltaban 4 mil dólares para poder realizar la impresión de los ejemplares. Me gustó la idea y la entrevista se encaminó por el libro que estaba, a mi criterio, a punto de publicarse.
Pasaron los meses y se me olvidó el tema, pero a Raúl lo seguí frecuentando en conciertos en el centro de Lima y Barranco. Cada vez que lo encontraba, disparaba una y otra vez fotos en blanco y negro con su cámara Nikon D700. No perdía oportunidad para fotografiar desde el escenario o el pogo mismo.
Raúl empezó a hacer la selección con más de mil fotos en el 2005. Ese año, su hija Mariel, a quien dedica el libro, acababa de nacer. Llenó su casa de ampliaciones de los negativos que tenía en archivo para poder empezar a seleccionar, mientras cuidaba a Mariel en la cuna.
Sus amigos Jorge Villacorta y Francisco Melgar lo ayudaron a darle el criterio que necesitaba el libro. Tendría tres ejes narrativos: los grupos, el baile o pogo y la atmósfera alrededor de los conciertos.
La selección de las fotos la hizo él mismo. En el camino, decidió descartar las que estaban a color “porque eran muy bonitas” y no era lo que quería reflejar. “Después de que revisas toda tu chamba de años, te das cuenta por dónde va tu mirada. Entonces empecé a fotografiar de una manera más personal”.
Cambio de mirada
“Cuando comencé a fotografiar la escena tenía la imperiosa necesidad de ir a todos los conciertos porque pensaba que había que registrar todo”, recuerda. Era 1997 y los pocos fotógrafos que iban a los conciertos tenían que gastar su propio dinero en comprar rollos, revelar y ampliar. No era un hobby barato.
“En los primeros tres años me he movido mucho más pero el material gráfico no es exactamente como me gusta. Además, en esa época yo fotografiaba, revelaba y archivaba, no las movía. Si venía una banda y me las pedía para el casette que estaban por sacar, las buscaba y se las pasaba”.
En el 2003 se contagió de hepatitis y tuvo tiempo de sobra para escanear casi arbitrariamente más de 700 fotografías que había tomado hasta ese momento. En esa revisión encontró imágenes de momentos históricos del rock nacional: el último ensayo de la leyenda del Hardcore-Punk peruano G-3 y la reaparicion de Narcosis en el 2000, y la última gira de los Manganzoides en Argentina en el 2007, por citar algunos ejemplos que aparecen en el libro.
Las fotos que le tomó a Leusemia en 1997 salieron publicadas en el disco Moxón.
Madurez de la escena
La sensación de una parte de la gente involucrada con el rock local es de añoranza a los primeros años de la movida subterránea. Para ellos, los primeros años estaban llenos de gente con más actitud, pese a las deficiencias que había. No reconocen que el cambio también trajo cosas positivas.
La escena rockera ha crecido enormemente. Lo que en algún momento era un movimiento cultural marginal y subterráneo de jóvenes produciendo música desde las entrañas, fanzines y polos se convirtió poco a poco en un espacio con cientos de exponentes dedicados a tiempo completo a la creación de música, revistas, webs, crítica, novelas, documentales y ahora el primer libro de fotografía. Los muchachos de antes maduraron y aprendieron a autogestionarse para producir cosas de calidad.
Para Raúl “no se trata de volver al pasado ni añorar. El tiempo avanza y no hay que quedarse tampoco. Pero hay cosas muy positivas de los primeros años que no deberían perderse y tienen que ver con la conciencia social y crítica sobre tu momento y entorno. Ahora también hay muchos que están comprometidos, pero nunca faltan chicos que solo se vacilan y ya”.
Un lugar es un libro que al final resulta para todos. Los que conocen la escena por dentro se sentirán identificados con el ambiente y los conciertos vividos. Los que no conocen nada verán que no se trata de muchachos violentos, solo era gente disfrutando de rocanrol y de un buen lugar.
Trayectoria
Raúl García Pereira (1969) ingresó al fotoperiodismo profesional de casualidad. Empezó haciendo cámaras para la cadena nipona Fuji TV, luego la agencia Kyodo News lo contrató como fotógrafo para para cubrir la toma de la embajada de Japón en 1997. Ya tenía una cámara con la que había empezado a fotografiar la escena rockera y las marchas contra Fujimori. Tras la crisis de los rehenes, volvió a lo que antes hacía: trabajar en cine y video. En el 2000, lo llamaron para trabajar con César Hildebrandt en el diario Liberación. Luego de eso, ingresó como editor gráfico a Peru21, de donde salió poco después de que Augusto Álvarez Rodrich dejó la dirección.

Encuéntralo
A la venta. El libro debutó en la Feria Ricardo Palma bajo la distribución de Borrador Editores. Ya está a la venta en las librerías Virrey, La Casa Verde e Íbero.
Presentación. Será el 24 de noviembre en el Centro Cultural de España. Habrá concierto de Raúl Montañez y las arañas de Marte, y algunos músicos invitados.
Auspicio. La impresión de los mil ejemplares fue gracias al apoyo del Centro Cultural de España y de Alta Tecnología Andina. El resto salió de su bolsillo y la colaboración de los amigos. Sabe que nunca recuperará lo invertido, pero no le preocupa.

jueves 28 de abril de 2011

Pioneros quechua



La República
29 de noviembre de 2009

Muchos creen que, a raíz del triunfo de “La teta asustada”, el quechua está ingresando poco a poco en la escena oficial del arte peruano. Aquí presentamos la historia de Uchpa, un grupo de rock y blues que viene cantando en esta lengua por casi veinte años. ¿Por qué no lo valoramos antes?

Por Ghiovani Hinojosa

Jimi Hendrix con ojotas. O, lo que sería su equivalente, Raúl García Zárate con jeans apretujados, casaca de cuero y mirada desafiante. Uchpa ha convertido estas forzadas imágenes en una realidad sui generis en la escena rockera nacional: ha logrado hermanar el blues gringo y el hard rock setentero –leáse Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple– con el misticismo de la lengua quechua. Así, su fusión comprende poderosas descargas eléctricas –con guitarras que maúllan al modo de los pioneros ‘violeros’ ingleses– acompañadas por sensuales fraseos en el lenguaje del Perú profundo. Sus canciones revelan la mágica sinergia que puede haber entre un huaynito de la comunidad de Puquio (Ayacucho) y un riff tocado en Londres con una lujosa Fender Stratocaster.

El idioma de los marginados

Fredy Ortiz, quechuahablante ocobambino (Apurímac), es el líder de Uchpa (voz quechua que significa “ceniza”). A él fue a quien se le ocurrió, a principios de los 90, dejar de balbucear un inglés ‘masticado’ –entonces emulaba a bluseros del calibre de Janis Joplin y Stevie Ray Vaughan– para entonar en quechua temas emblemáticos del rock clásico. Su lengua materna le dotó de una expresividad inédita al rock and roll británico, lo hizo más melancólico. “Es como si el quechua estuviera diseñado para sufrir. El dolor, pero también la dulzura, sellaron para siempre mi música”, confiesa con los ojos lánguidos en la azotea de su casa limeña, en Carabayllo.

Para él, el éxito de la película “La teta asustada” –que llevó el quechua a cientos de miles de oídos europeos– y su consiguiente eco –Juan Diego Flórez se animó hace poco a interpretar algunas expresiones en runasimi–, es una fiebre cultural temporal. “En mis 20 años como cantante, he escuchado siempre hablar de lo mismo: ‘que nuestro idioma, que los incas’. No nos engañemos, el quechua es marginal”, asegura. Él lo comprueba al final de cada concierto, cuando la “muchachada andina” se le acerca eufórica para contarle que “mi viejo es ayacuchano y mi mamá es de Andahuaylas”, pero que luego, cuando no hay tocada, guarda su acento serrano en lo más recóndito de su garganta (o de su corazón). “Igual es con el supuesto boom de Magaly Solier. Este sentimiento pro quechua durará unos meses, mientras la publicidad se mantenga. Si no, díganme cuánta gente se preocupa hoy por aprender este idioma”, comenta preocupado.

Fredy también recuerda el choque cultural que implicó consolidar a su banda en la movida rockera capitalina. En los primeros festivales en los que participó, se le veía sentado a un lado del escenario –con su típico “disfraz” folclórico– hablando en quechua con el músico que toca el waqrapuku (corneta andina), al margen del barullo “muy limeño y resuelto” de los otros grupos. El vocalista de Uchpa señala que, desde entonces, ha cultivado muy pocas amistades musicales, entre ellas las de los integrantes de Amén. “Será porque nosotros los bluseros somos un poco especiales: somos muy sentimentales y solemos juntarnos solo con la gente que siente feeling por nuestro género”, especula.

En este contexto de cierta marginalidad, ¿cómo explicar el furor que canciones como “Corazón contento” (un huayno al estilo Deep Purple) y “Ananao” (rock con temple andino) desatan entre adolescentes y adultos de las zonas urbanas del país? ¿Acaso no es una limitación expresiva el hecho de que la mayoría de ellos no sepa hablar quechua? Fredy Ortiz responde a esta última pregunta que sí y afirma que, según su percepción, los seguidores de Uchpa son atrapados por el carácter exótico de su propuesta, asentada en una base instrumental –guitarras, batería y bajo– muy bien trabajada; y por el componente visual de su espectáculo –aseguran ser los primeros rockeros peruanos en subir un danzante de tijeras al escenario e incorporar instrumentos serranos como el wakrapuku–. Total, dice, “la mayoría de rockerazos ama la música extranjera sin saber inglés. Lo mismo pasa con Uchpa y con el quechua”.

Sin embargo, esta situación de “incomprensión” lingüística le permitió a este vocalista camuflar muy bien algunas letras explosivas, como la de “Ama sua, ama llulla, ama quella”, la canción que compuso a fines de los 80 y dedicó al entonces también presidente Alan García. “Allí decía la verdad de lo que ocurría: denunciaba la corrupción y los abusos de mi institución policial. No quería pasar piola frente a esos sinvergüenzas”, relata enérgico. Y es que, para los que no lo sabían, Fredy es un ex policía de la zona del terrorismo que tomó el micrófono y dijo adiós a las armas.

Un ‘tombo’ rockerazo

Desde los 18 años, en que lo enviaron a la serranía peruana para combatir a los terroristas, él llevaba consigo un singular maletín. En el interior, estaban comprimidos decenas de cassettes con rock y blues de los 70, un minicomponente y muchas pilas. Patrullar enclaves peligrosos y vigilar puestos policiales, para él todo era más soportable con una balada celta de Led Zeppelin o un ‘solo’ de guitarra de Jeff Beck.

En 1993, cuando fundó Uchpa junto al músico Igor Montoya –“entonces solo éramos un par de rockeritos místicos”–, Fredy ya llevaba 10 años como policía. Así, junto con unos amigos ayacuchanos, lograron grabar ese mismo año el cassette “Wayrapin qaparichkan” (Gritando en el viento), un álbum debut con ocho canciones que destilaban un fuerte amor por Pink Floyd. Pero pronto –y luego de grabar el cassette “Qauka Kausay” (Viviendo en paz, 1995)– Fredy se vio solo en Lima con su música en las manos. El resto del grupo había elegido otros caminos.

Así vendría la que muchos consideran la formación clásica de la banda: ingresan el belga Bram Willems en el bajo, el talentoso guitarrista Marcos Maizel (actual cerebro musical del grupo), el guitarrista Juan Manuel Alvan y el baterista Ivo Flores. Juntos graban “Qukman muskiy” (Respiro diferente, 2000), una producción en la que se oye un hard rock más avasallante, con temas como “Chachaschay” y “Kusi Kusun”.

Matrimonio musical

“Nosotros no rockeamos el ande, andinizamos el rock”, precisa Marcos Maizel para referirse al respeto que han logrado en sectores urbanos del Perú y países europeos hacia el huayno y el quechua. Y revela que la música andina y el blues comparten un bello matrimonio musical: ambos utilizan escalas pentatónicas, lo que hace propicia su fusión. La banda estrena por estos días una formación nueva: a Fredy y Marcos, se les une César Gonzales (antes batería, ahora guitarra rítmica), Carlos Sevillano (bajo) y Willy Hermoza, ex baterista del metalero M.A.S.A.C.R.E. La melancolía serrana y la acidez del rock clásico son las dos partes de un todo musical que interpela al oyente de Uchpa. No solo lo arrincona contra sus raíces culturales (en el caso de los peruanos), sino también lo invita a destruir sus prejuicios sobre el quechua y la cosmovisión andina. Y lo mejor de todo, lo humaniza danzando.

Todas las sangres

Uchpa tocará este martes 1º de diciembre en La Noche de Barranco, 9 pm, S/. 15. Boletos a la venta en TuEntrada de Plaza Vea y Vivanda. Fredy Ortiz promete un explosivo repertorio “arguediano”, además de adelantos de su cuarta producción. Prohibido decir “manam”.

Añas blues (El blues del zorrino)
au, mamay (sí, mamá)
au, ari papay (así es, papá)
añastan rikuni tusustin (vi al zorrino bailando)
wischusqa tullukunapa chaupimpi (en medio de huesos esparcidos)
sayastin makinwan ruqukustin (se paraba poniéndose como gorra)
wakapa aka ispayninwan (las heces de la vaca)
tusustin (y bailaba,)
tusustin (y bailaba,)
tusustin (bailaba).

sábado 24 de abril de 2010

LEUSEMIA Y «AVE ROK» EN UN REPORTAJE TELEVISIVO SOBRE EL ROCK PERUANO (1984)

19 de marzo de 2009

Extraido del Blog Caín y Abel

He aquí un valioso vídeo del cual no teníamos ninguna referencia. Lo acaba de colgar en YouTube Fernando Pinzas Ramos quien, desde el año pasado, se haya recopilando material para un documental sobre la movida del Rock Subterráneo. Las gracias a él por el aviso. Copiamos los textos de su correo y la presentación que adjuntó al mencionado vídeo.

"Hola Syd, acabo de colgar un video en Youtube (lamentablemente de no muy buena calidad, debido a que fue capturado de VHS viejo) que espero lo puedas anexar a tu blog. Se trata de un reportaje realmente histórico hecho en 1984 por la documentalista Delia Ackerman que, por entonces, era reportera de Canal 4. En este reportaje vemos entrevistas a las bandas que eran consideradas como parte de todo un boom del rock peruano. Aparecen: Pax, Raul Pereyra y Kotosh, pero la gran sorpresa está en Leusemia, con su formación original, tocando en vivo y dibujando esvásticas en la calle. Te mando el link y espero lo publiques, pues es material previo a la gran explosión del Rock Subte, incluso vemos a Alfredo Rossel de Ave Rok hablando de Leusemia y Narcosis... Tengo más material subte que me gustaria convertir a DVD para el documental que estoy realizando, si pudieras publicar ese aviso seria genial, pues es un poco caro y los videos que tengo son varios... Saludos, y gracias por tu buen blog!".

Como este, quedan por rescatar otros reportajes producidos por los canales de televisón abierta de aquel entonces. Dos de ellos, transmitidos por el canal 9 (ATV) en 1986 o 1987, estuvieron dedicados a la Horda Metálica de Miraflores, antipunks todos ellos, y a los subtes, aunque recuerdo sobre todo la parte dedicada a María T-ta.

ROCK PERUANO EN 1984

Lima, 1984. El rock peruano experimentaba un resurgimiento después de varios años de silencio. Delia Ackerman realizó en noviembre de 1984 un reportaje sobre las nuevas bandas, emitido en el programa «Primer Plano», de Canal 4. En este reportaje vemos entrevistas a Pico Ego Aguirre, del grupo Pax; Raúl Pereyra, ex integrante de la legendaria banda de rock fusión El Polen y, por ese entonces, miembro de Sudamérica; la banda Kotosh, y; Miki González. También está una interesante entrevista a Alfredo Rossel, director de la importante revista Ave Rok, la cual organizó los legendarios conciertos denominados «El Rock Subterráneo ataca Lima».

Sin embargo, la sorpresa de este reportaje está en Leusemia, apareciendo por primera vez en la televisión con la formación clasica (Daniel F, Leo Scoria y Kimba Vilis). Por ese entonces, Narcosis ya había empezado a tocar y compartía escenario con Leusemia, como muestra Alfredo Rossel en un afiche. El Rock Subterráneo ya estaba dando sus primeros pasos.

Fuente:
YouTube, mar. 18 de 2009.

Kilowatt: Leyenda del rock peruano

Extraido del Blog de Domingo de Ramos
*Por Róger Santiváñez.

Corrían los últimos meses de 1982. Se acababa de fundar el Movimiento Kloaka . yo vivía en el Rímac y algunas tardes me visitaba un joven estudiante del colegio Ricardo Bentín-David Pillman- a quien había conocido poco tiempo antes, en una muestra de Arte Joven titulada “Propuesta II”, sita en el Museo de Arte Italiano y gracias a la mediación del recordado crítico Hugo Salazar del Alcázar. Como Pillman moraba en la populosa Av. Pizarro, muy cerca de mi casa en la Urb. Villacampa, llegaba a verme casi a diario para tratar temas de poesía, pintura y rock. Gustaba hacerse llamar mi “mi discípulo aventajado” y frecuentó las reuniones de Kloaka en el restaurant Wony , junto a otro chico del Bentín –Miguel Valladolid- con quien estuvo a punto de lanzar “Kloaka-Escolar”; pero el tiempo los ganó: terminaron las clases y todo quedó en un hermoso deseo.

Sin embargo Pillman, en los últimos días del año, se dio la maña para organizar una reunión fundamental (ahora lo comprendo así) en una especie de garaje o desván de su propiedad, al lado de la casa paterna. Allí me presentó a 2 muchachos inquietos y muy interesados en el asunto cultural. Ellos eran Ricardo Montañez y Edgar Barraza, quienes vivían también en las cercanías del barrio, Pillman ya les había hablado de mí y del Movimiento Kloaka.

Les expuse detalladamente la nueva propuesta y mi deseo de romper fuegos muy pronto con un Recital-Concierto-Exposición en el Bar La Catedral de la Plaza Unión (donde se sitúa la novela de MVLL). Todo esto entusiasmó a los dos jóvenes. Ricardo montañez cogió la guitarra y se puso a tocar temas de rock clásico, asegurándome que tenía un hermano quien tocaba mil veces mejor que él. Edgar Barraza me habló de un grupo en el cual cantaba, “Kola Rock”, compuesto por chicos de Comas. Y afirmó: “Increíble. Algo bien grande va a empezar muy pronto”. Edgar Barraza no era todavía “Kilowatt”, pero ya era ese talentoso joven que sabía cantar el rock como nadie lo ha hecho en el Perú. Esto, sumado a un honesto interés por el arte, la cultura y la política, hacían de él una de las personalidades más atractivas de una escena que –a la sazón- podríamos denominar pre-subterránea.

Y es que Barraza, los hermanos Montañez y otros patas del Rímac (como Carlos Oliva, que después sería uno de los fundadores de “Neón”) formaban una especie de célula rock, cuya propuesta central era la fundación de una nueva hora para dicha tendencia musical en el Perú.

Se buscaba acabar con el imperante canto inglés. Había que cantar en nuestro idioma, hablar de problemas concretos y asumir una cierta ideología popular y cuestionadota del orden establecido. En ese momento todavía no habían salido a la luz pública “Leuzemia” ni “Narcosis”. Pero ya existía esta movida proto-subterránea en la que estaban grupos como “Temporal”, “Soljani”, “Cimiento”, “Madrigal”, “Seres Van” entre otros. Justo es recordar que Edgar Barraza, ya bautizado “Kilowatt” por Leo Escoria debido a su eléctrica figura similar al logo de la Energía , fue un enlace fundamental con la ola del rock subterráneo: Kilowatt ensayó y estuvo a punto de ser cantante de “Leuzemia”. Recuerdo que me visitaba llevándome las letras mecanografiadas del entonces nuevo grupo y me hablaba entusiasmado con la expectativa de lo que significaba algo así. Kilo no llegó a debutar con “Leuzemia”, pero sí me llevó a conocerlos en diciembre de 1983, al concierto que hubo en la Escuela de Bellas Artes. Y a partir de allí fue uno de los activistas más entregados a la causa del rock subterráneo.

Retomo el hilo de la historia: El Movimiento Kloaka estrenó su vida pública el 11 de febrero de 1983 en la Catedral , con lecturas de los noveles Domingo de Ramos, Edián Novoa, Guillermo Gutiérrez, Mary Soto, Mariela Dreyfus, Pepe Velarde, Dalmacia Ruiz Rosas entre otros invitados, exposición de Polanco y tocada de “Durazno Sangrando”, y de un grupo ad-hoc formado en el instante por Toño Arias (batería), Raúl Montañez (guitarra) y Edgar Barraza “Kilowatt” en la voz. Todos del Rímac. Fue una noche inolvidable. Desde ese momento Kilo se constituiría en el puntal del rock-con refrescantes influencia punk-para todas la presentaciones de Kloaka . Al mismo tiempo me visitaba diariamente para escuchar buena música y leer todo tipo de poesía moderna.

Rimbaud, Lautréamont, Artaud, Ginsberg y por supuesto Vallejo, a quien él amaba. Para el Recital-Concierto de abril del 83 en el Auditorio Miraflores, Kilowatt hizo la versión peruana del antiguo hit de Elvis Presley “Jhonny BeGood” , llamándolo “Jhonny Huancayo”, narrando la historia de un joven huancaíno que se viene a Lima soñando ser estrella de rock; fracasa, se regresa a la sierra y se mete a las filas del Partido Comunista Sendero Luminoso. Esta canción puede escucharse en el cassette que los hermanos Montañez lanzaron poco después de su muerte acaecida en Buenos Aires a principios del 2001.

Después de Kloaka y de la primera gran ola de rock subterráneo (1985), Kilowatt se convirtió en un paradigma y un ejemplo de honestidad y pureza para muchos jóvenes que veían en él al rockero que no se vende, al artista íntegro y revolucionario. Con algunos de ellos formó la banda “Kilowatt y sus cuchillos”, dejando una herida abierta –no solo por su muerte antes de tiempo- si no palpitar perenne de compromiso con una verdad y testimonio insuperable de amor al rock.

*Poeta del Movimiento Kloaka y ahora residente en USA.

"(MI) LEUSEMIA": ROGER SANTIVAÑEZ y el regreso de la LEYENDA (1995)


Extraído del blog Caín y Abel
19 de mayo de 2008


A principios de 1995 se anuncia lo impensable: dejando de lado sus diferencias, los integrantes de Leusemia deciden unirse nuevamente y volver a los escenarios tras nueve años de receso. Con este motivo, Roger Santivañez, miembro fundador del grupo poético «Kloaka» y amigo de la banda, publicó el comentario que sigue en un diario de circulación nacional.
EL RETORNO DEL ROCK SUBTE
(MI) LEUSEMIA

Una noticia recorre los subterráneos de la ciudad: se ha reunificado Leusemia, el mítico conjunto de rock que inició la movida subte en 1985. Es una buena ocasión para recordar a Kilowatt hablándome del conjunto como la novedad de la música juvenil peruana. En 1983 y 1984 el rock se había estancado; la revista Ave Rock decidió resolver la situación de vacío organizando el concierto llamado Ataca Lima, rock subterráneo, con Del Pueblo y Leusemia. A partir de allí, un vasto movimiento musical se desarrolló en todo el territorio. Sólo en Lima este movimiento llegó a reunir más de cien bandas a lo largo de las fechas del concurso del rock no profesional de la revista Esquina en 1987.

Al principio fue Leusemia y Narcosis. Este último grupo debutó en la discoteca Carnaby de Miraflores, famosa y clausurada por la muerte por sobredosis de una subterránea en minifalda de cuero negro, en manos de una collera de subtes. Luego vendrían Autopsia, Guerrilla Urbana, Flema, Excomulgados y Zcuela Crrada. Era una sola mancha negra que asolaba los conciertos de rock comercial y también los bares de intelectuales barranquitos. Pero esto no impedía que ciertos catedráticos universitarios participaran de las reuniones subterráneas. Recuerdo a María Burella de la Universidad Ricardo Palma corriendo con un subte llamado Pelo Parado, huyendo de los disparos de la Guardia Civil que destrozó el concierto Rock en Río Rímac en Abajo el Puente, distrito leusémico, ya que los hermanos Montañez son rimeños. Así como los hermanos Daniel F y Kimba son mironianos. O sea, más limeña no puede ser Leusemia. De allí brota la canción “Para Lima (Astalculo)” –emblemática– tal como “Oirán tu voz”, “Diarrea” o “Rata Sucia”.

Hacia 1987 el movimiento subterráneo se dividió entre pitupunks y subtes. Pero ya era un asunto de masas. Ya no se trataba de una élite punkera o pancracia, como se decía, sino que la idea se había propagado entre cientos de jóvenes. Nuevos vientos han venido a refrescar el ambiente subterráneo de Lima. La revista Esquina, que nació junto con este movimiento, viene organizando desde el año pasado el «Condorock» de la Carpa Teatro del puente Santa Rosa de Lima. Grupos como Radio Kriminal, Psicosis y Azules Moros son algunos de los nuevos nombres que ya se hacen sentir. Pero lo más interesante ha sido la reunificación de Leusemia ocurrida en el Mamani Pub de la calle Quilca en un recital de poesía y rock organizado por Piero Del Pueblo. Allí, Montañez y Daniel F se volvieron a juntar para delicia de sus fanáticos. Kilowatt interpretó, asimismo, unos temas de Leusemia. Mas la confirmación masiva de que Leusemia está vigente en el corazón y en los sueños de los jóvenes de vastos sactores populares, se dio en la Carpa Teatro, una noche maravillosa de enero de la cual tengo ya el poema. Gracias, Leusemia.
Fuente:
Expreso (Lima), feb. 19 de 1995.

jueves 8 de abril de 2010

HISTORIA DEL ROCK SUBTERRANEO (1985 - 1992)


Generación Cochebomba
16 de marzo de 2010
Por Martín Roldán Ruíz

Hace unos meses, el antropólogo gringo Shane Greene, preguntaba mi opinión sobre el auge de publicaciones, estudios, videos, artículos, reportajes, recopilaciones, homenajes, que se están haciendo sobre el Rock Subterráneo o sus protagonistas –Él mismo está haciendo un estudio desde su especialidad, y yo mismo he escrito una novela, algunos cuentos y varios textos en este blog–. Mi respuesta fue, simplemente, que al ir entrando a la cuesta descendente de nuestras existencias, los que fuimos parte del movimiento subterráneo, queremos dejar constancia que lo que hicimos transcendió no solo nuestras vidas, sino también la del país.

Si bien muchas cosas continuaron igual, después del rock subterráneo ya no fueron las mismas. Porque este movimiento de alguna forma aglutinó la vanguardia no solo musical, sino también de otras expresiones artísticas. Una rápida mirada nos dará cuenta de que muchos de los que ahora destacan como músicos o artistas, tuvieron un pasado de chancabuques, jeanes rotos y pelos parados. Escuchar cintas – demo, leer fanzines y asistir a precarios conciertos fueron el pasatiempo preferido de sus horas muertas; mientras, en sus cabezas giraban miles de formas innovadoras por musicalizar, reflejar, alterar o poetizar una realidad que les era totalmente hostil.

Nadie se propuso ser la vanguardia última antistablishment, ni la revolución cultural que habría de alterar conciencias para el cambio social. Simplemente dijeron lo que tuvieron que decir, de la forma como mejor les pareció. Y allá los que lo interpretaron a su manera. Porque nada fue gratuito. Todo estaba servido para que algo explotara. Y les tocó a ellos, hacerlo. Todos los que participaron, desde los “músicos” hasta los simples espectadores, desde los editores de fanzines hasta los simples lectores, contribuyeron para que el Rock Subterráneo fuera lo que es… hasta hoy. Porque lo que nace natural y espontáneo, trasciende de manera tal que con el tiempo su legado es retomado por otros actores que tratan de hacer de su momento algo igual de trascendente.

Bien. Hace unos días me enteré del CD compilatorio Historia del Rock Subterráneo (1985–1992) la cual trata de registrar lo que fue esa realidad violenta y desesperanzadora a través de las canciones de bandas clásicas de este movimiento, junto a aquellas que de alguna forma son más subtes, en el sentido de que no son muy conocidas para la gente de estos años. Pero que tienen igual de validez para aquel que desea conocer lo que fue.

Y lo que me ha sorprendido, gratamente, es ver que la canción MASAS de mi antigua banda hardcore DICTADURA DE CONCIENCIA, cierra este valioso testimonio. Esa canción salió en el cassete NO HEMOS MUERTO de 1992, si es que no me equivoco. Una grabación que pocos tienen, es más que ni yo mismo la tengo. DDC, participó también con otro tema titulado ES NORMAL EN ESTOS TIEMPOS, que llegó a ser el más pedido por la gente cuando tocábamos. Otras bandas que salieron en ese cassete fue Nada Tuyo, Desarme, Decisión Final, Futuro Incierto, entre otras que ya no recuerdo y que muchas continúan en la brega.

La música de MASAS fue hecha por mí, con aportes de Eduardo Nova en la guitarra. La letra pertenece al fallecido Saúl Omiso porque fue uno de los temas de Confrontación de Ruptura, la banda que forme con él en 1990 (Hasta hoy conservo la hoja de papel que me dio, escrita de su puño y letra) Posteriormente C.D.R, se dividiría en Nada Tuyo y Dictadura de Conciencia.

Ahora que recuerdo, esa canción la hice tratando de emular un tema de The Exploited de su álbum Death Before Dishonor. Creo que no dí en el clavo ¡Ja!

Nunca se me ocurrió escribir sobre DICTADURA DE CONCIENCIA, pero creo que esta vez lo ameritaba. Espero que el ejemplo que alguna vez dejaron las bandas subtes que aparecen en ese CD –y las que no, también– llene las expectativas de los muchachos interesados en esos tiempos.

viernes 15 de enero de 2010

Traffic Sound, parte de la historia del Rock Peruano



Traffic Sound, los años maravillosos

Por Miguel Sánchez Flores

Blog MP3,Al Máximo de Perú21

Al grito de Yawar Huaca y con quijadas de burro como instrumentos los Traffic Sound firmaron, a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, uno de los momentos más modernos y gloriosos del rock peruano. Su propuesta de avanzada mezclaba el sonido de grupos de esa época con psicodelia y ritmos latinos. Lamentablemente el sueño duró poco tiempo.

Hace casi cuarenta años Traffic Sound escribió uno de los momentos más modernos y memorables del rock peruano. Se despidió tempranamente de los escenarios con un mega concierto en el Teatro Segura junto a la Orquesta Contemporánea de Jaime Delgado Aparicio, uno de los más grandes de la música peruana. Dicen los que estuvieron que el evento terminó con una versión de Mr. Skin de más media hora de duración y con el público enloquecido. Los seguidores no podían creer que la banda rock más consolidada del momento se estuviera retirando en su mejor momento. Quién sabe si fue Velasco quien, en 1971, finalmente convenció a aquellos jóvenes que era mejor ejercer sus respectivas carreras que seguir jugando a los músicos. Lo cierto es que llegado el momento de tomar la decisión de si seguir o no, cinco de los seis integrantes de Traffic Sound (Manuel Sanguinetti, Willy Barclay, Willy Thorne, Luis Nevares y Freddy Rizo Patrón) respondieron que mejor lo dejaban ahí, que se retiraban como los grandes, sin siquiera imaginar que años después, su legado formaría parte de la más atesorada herencia musical de nuestro país.

El único que se quedó (según sus propias declaraciones) fue Jean Pierre Magnet *, famoso saxofonista, formado entre los acordes de la orquesta del Hotel Country Club en donde creció rodeado de música. Se quedó es un decir, pues desanimado por la decisión del grupo estudió Economía un par de años. Pronto se dio cuenta que lo suyo era la música. Viajó a Buenos Aires, Boston y San Francisco donde las influencias del jazz terminaron de convencerlo de su decisión. Magnet volvió al Perú años después, se enamoró, quedó y el resto es bastante conocido. Otro que se "quedó" (por poco tiempo en la música) fue Miguel Ángel Ruiz Orbegozo, más conocido como Zulu *, sí el mismo que salía con Yola Polastri, que si bien no era parte de la formación original, formó parte de la banda en los últimos años, reemplazando a Willy Thorne en el bajo y los teclados). Zulu, cuya vida y obra dan para un post más, dejó un LP homónimo de escucha indispensable. Extrañamente dejó un álbum a medias y se retiró para siempre de la música (él mismo dice asustado del mainstream y de sus consecuencias).

A veces pienso que es como si de pronto una nube de pesimismo se hubiera posado sobre una joven Lima. Una ciudad que hasta entonces transcurría inmersa en una sensación de desasosiego y tranquilidad. Una calma cierta que se detenía en largas caminatas, viajes en tranvía, visitas a la playa y matinales de fines de semana. En qué momento se jodió el rock peruano podría uno preguntarse mientras escucha a todos los grupos de fines de los sesenta. Acaso los chicos simplemente crecieron, la democracia fallida, el discurso nacionalista (o la malinterpretación de esta como dice Gerardo Manuel). O quizá fue la gran resaca de aquel tiempo novedoso de drogas y también de amor y paz en el que Joe Cocker cantaba y emocionaba en ese mitin multitudinario disfrazado de concierto de rock llamado Woodstock. No lo sé. Lo cierto es que la historia dice que de golpe (quizá la palabra no sea gratuita) desapareció la primera escena rock en el Perú y con ello los primeros grupos de rock peruanos.

Algunos distraídos señalan que el rock peruano como tal nació en los ochentas, básicamente por la ausencia de legado y de material sonoro de los sesentas y setentas. De oídas, casi como leyendas, algunos empezamos a escuchar historias de ensueño de nuestros padres y tíos que transcurrían en el Tifany (luego Galaxy) o en los teatros Country o Tauro. Exagerados o no, estos relatos eran de envidia. La primera movida rock en el Perú. Los Shains, Los Yorks, Los Saicos, Los Belkings, Los Steivos, Los Siderals y sobre todo Traffic Sound. Poco a poco se fueron recuperando las grabaciones e incluso se hicieron en el extranjero algunas re-ediciones de material (la de Los Belkings en España por ejemplo). Aquí en Perú, Andrés Tapia y su sello Repsychled lograron lo que parecía imposible: poner al alcance de todos aquellos antiguos álbumes. Luego de años de investigación, cachineo y una labor de arqueología musical en los desaparecidos sellos IEMPSA, MAG y SONORADIO, Andrés pudo hacerse de un catálogo y sacar nuevas ediciones de aquellos grupos de los que sabíamos de oídas. Gracias a ello hemos podido recrear aquellas fiestas matutinas, en donde el grupo como tal era pieza fundamental. Cada barrio tenía su grupo y cada grupo sus fans.

Traffic Sound no fue el primer grupo de rock peruano, pero sin duda se trata del mejor de todos. Su propuesta, profesionalismo y sobre todo su sonido (con múltiples arreglos de vientos y teclados) hacen de ellos un caso de excepción. No solo sus covers son formidables sino sus canciones propias. Prueba mezclar Beach Boys con Air. Prueba mezclar Pink Floyd con Cream. Y además métele quenas, guitarras de palo y quijadas de burro. Quizá es ocioso pero uno no puede dejar de preguntarse qué hubiera pasado si aquellos chicos, que empezaron ensayando en lo que hoy es el Colegio de Abogados de Lima en San Isidro, hubieran seguido haciendo música. Hasta dónde hubieran llegado. Quizá Nevares o Barclay no tuvieran los altos cargos que hoy ostentan o Manuel Sanguinetti no hubiera tenido tiempo para fundar la Radio Doble Nueve (la radio rock de Lima). Se trata, sin duda, de otra pregunta sin respuesta.

La generación de atmósferas, sus arreglos al detalle y un imaginario psicodélico hicieron que los Traffic Sound sean considerados como uno de los grupos abanderados del rock de esta parte. No es casualidad que se trate del primer grupo peruano en hacer giras internacionales (Argentina, Chile, Brasil). Incluso fue el grupo promocional de la naciente empresa de Aviación Brasileña Varig. Fácilmente sus discos podrían firmarse este año, quizá diez años después y seguirán teniendo vigencia. Sus melodías universales, panderetas escondidas y guitarras de palo abundan.

Desde entonces se han reunido poquísimas veces. La histórica vuelta en el Muelle Uno el año 1993. Luego en el hotel Los Delfines, El Dragón de San Bartolo (y creo que también en el Regatas). Todas las veces quise ir, pero algo lo impidió. Sin embargo, no pierdo las esperanzas. Como bien dice Zulu, los Traffic otra vez están completos. Ahora solo falta que saquen un disco. No pido mucho, ¿no?

Discografía:
- A bailar Go Go (1968)
- Virgin (1969)
- Traffic Sound (1970)
- Lux (1971)



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